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miércoles, junio 27, 2012

27 DE JUNIO

El calor nos aplasta. No brilla el sol. No brillan tus ojos. Sé que son azules. Pero no brillan. El calor nos aplasta. El calor me hace sudar y resoplar. Te quejas todo el rato y yo oigo tus quejas. Me gusta oírte. Me gusta que te quejes para mí. Mis ojos tampoco brillan. Pero dentro mí brillan muchas cosas.
Dentro de mí brillas tú. Dentro de mí brilla este tiempo. Brilla cada segundo. Brillan todas las palabras y los gestos que haces estando junto a mí. He negado siempre que te ame. Pero no sé cuánto tiempo más podré negarlo. Brilla el mundo dentro de mí y fuera las nubes velan un sol que nos estaría castigando si pudiera.
Dentro de mí brilla una luz que no se apaga, una luz estúpida que sé que me hará daño, una luz que acabará conmigo y con estos mismos segundos tan felices. Dentro de mí los guardaré y se perderán. Esa luz que se agotará con el tiempo y con tu ausencia dejará de brillar y la ilusión morirá.
Pero hoy brilla todo eso dentro de mí y aunque sé que todo esto no es bueno, que todo esto me traerá todo el dolor que aún no he sentido, no puedo evitar que todo brille como no brillan hoy, solamente hoy, tus ojos azules.




miércoles, junio 20, 2012

20 DE JUNIO

Pasan los días plácidos en la felicidad. Estos días has sonreído mucho. Tus ojos azules han brillado. Han sido días largos. La luz de la primavera lo llenaba todo. El calor del verano me ha hecho sudar. No recordaba el olor de la piel calentada por el sol. Has tenido que tapar tus ojos con las gafas de sol.
Paseábamos bajo los árboles. Yo decía muchas cosas. Hablaba sin sentido de la vida y de la libertad. De la felicidad. De la ilusión. Me hablaste de tu vida. Yo te hablé de la mía. Te pusiste un poco tierna. Pero todo acabó en mis bromas. Tú te reías. No dejé que dejaras de sonreír.
Tu historia era mucho menos triste. Era sólo una historia de amor que no había salido bien. Como tantas historias de amor. Como casi todas las historias de amor. Lo difícil no es querer a alguien. Si no que te quieran como tú esperas.
Tú habías esperado demasiado. Y todo se había acabado. Yo he querido poco. Muy poco. No pude contarte nada. Sólo compartir contigo lo que había, lo que decías. Y decir que no importa, nada importa, todo se acaba arreglando, todo encuentra al final su lugar. Lo único que no hay que hacer es conformarse.
Creo que tú te estarías conformando conmigo.




miércoles, mayo 30, 2012

30 DE MAYO

La velocidad se reduce en la ciudad achicharrada. Ayer tuve la sensación de que te perderé dentro de poco. Pero no estoy triste, ni preocupado. Siempre he sabido que te perdería, que no serías para mí. Tus ojos azules relucían excesivamente y yo no podía parar de ver en ellos un futuro que no puede pararse.
Caminamos juntos y hablas de la vida. De las cosas. No cuentas nada. Pero yo entendía lo que pasaba. Siempre lo he entendido. No me va a doler. He soportado tanto dolor que esto no me va a doler. Y podré quedarme como estaba, quieto y libre y solo, pero con esta sensación de volver a la vida.
Sin ti todo será raro. Pero será.
La velocidad se reduce en la ciudad achicharrada. Tú sonríes y yo sonrío contigo. Tus ojos relucen. Y yo sonrío. Tú te marcharás. Y yo sonrío.




miércoles, mayo 23, 2012

23 DE MAYO

Me lloran los ojos. Yo nunca lloro pero mis ojos sí. Lloran la primavera. Lloran el polen de las flores que tanto te gustan. El sol brilla y luce y los pájaros no lloran esta primavera que me hace llorar. Vivir encerrado es otra cosa. Todo te protege de todo. Te protege de la gente que está fuera. Te protege de ti mismo hablando, tocando, viendo a otra gente. Te protege del aire y del sol y de estas lágrimas estúpidas que te hacen reír.
Tus ojos azules brillan menos que las amapolas. Tu piel está ya menos blanca. Las paredes de la habitación eran muy blancas. No había nada azul. Nada. Mis ojos no podían llorar. No había diferencia entre otoño y primavera. No había esa risa que oigo ahora.
Me lloran los ojos bajo el sol ardiente. La ciudad reluce. Más aún dentro de mí. Entre paredes blancas no pasaba nada. Respiraba. Latía. Ahora, fuera, tus ojos azules y tu piel blanca no consiguen que mis ojos dejen de llorar.




miércoles, mayo 16, 2012

16 DE MAYO

Abrasa el sol las tardes. Salimos a pasear porque tú me lo pides. Siempre has tenido miedo al sol. Eres muy blanca. El sol se refleja en tus ojos azules. Yo no pienso mucho en las cosas. Pensarlas es hacerlas difíciles, buscarles una explicación que no tiene por qué tener.
La realidad sucede. Sin más. Suele ser motivada por una serie de acciones lógicas que devienen en un final lógico. Por eso la realidad sucede. Y aunque al final podríamos llegar a saber su inicio, esto es imposible. La causa y el efecto están confundidos muchas veces. Yo estoy confundido cuando te miro a los ojos azules.
Abrasa el sol las tardes y mi cuello y mis brazos tienen ya marcas. La primavera se desata. Amapolas y margaritas por todas partes. Este aire lleno de polen, lleno de vida que renace me hace estornudar. Pero lo aguanto. La primavera se desata. Es un desmadre de vida que quiere ser más, que quiere latir más, vivir más.
Caminamos juntos y hablas. Yo te escucho y trato de no mirarte. No quiero caer en esa trampa. Tu piel reluce bajo el sol. Yo sólo creo que la realidad sucede y que un día dejará de suceder. Y si no, da igual.






miércoles, mayo 02, 2012

2 DE MAYO

La primavera no termina de llegar. He estado pensando que la primavera sin ti es un invierno. La resurrección y el amor han llegado de la mano. Los campos no florecen, pero están al borde hacerlo, deseosos de hacerlo. Las nubes cubren el cielo. Nada parece fijo en este tiempo, todo se evapora.
La primavera no termina de llegar y yo llego hasta tu puerta todas las tardes. Sólo algunas llamo. El resto imagino que lo hago. Otras doy una vuelta más antes de hacerlo. Me gusta esperar. Me gusta la emoción. El corazón que late fuerte en el momento en que alargo la mano hasta tu timbre.
No sé bien qué decirte. Muchas veces no te miro para no tropezarme con tu belleza. Miro tus manos. Miro tus ojos azules. Tus gafas. Me fijo en tus pechos. Miro a tus piernas. Tu ropa. Cualquier cosa menos tu cara. A veces no me queda más remedio que hacerlo. Y después tengo que decir: “estás muy guapa hoy”.
La primavera no termina de llegar y tú estás muy hermosa. Tus ojos azules brillan. Me estremezco cuando te siento cerca. Te hago reír. Me quedo callando esperando volver a casa. En casa estaré tranquilo. Estaré solo. No existirá el peligro de mirarte. El agradecido don de mirarte.






miércoles, abril 25, 2012

25 DE ABRIL

El viento sopla en la ciudad. A ratos sol. A ratos nubes que se vuelan. Doy vueltas por la calle como un desafío. En la librería la chica me llama por mi nombre. He vuelto a pasarme por allí. Sonrío cuando oigo el pitido de la entrada. Doy vueltas al expositor buscando algo que me apetezca leer.
La chica de la pastelería no me conoce. Sólo he venido dos veces a comprar bombones. Sonríe al ver lo que hago con la caja. Me ofrece ayuda, pero yo puedo solo. Cambio las cosas de manos tres veces. Espero que no se derritan. El viento sopla y hace calor.
Parado en tu puerta llamo al timbre y no me abres. No importa volveré a dar una vuelta. Y volveré. O tal vez no. Sigo caminando. Camino despacio. El viento sopla. Las bolsas a mi lado se vuelan y chocan. Los bombones tal vez se desordenen.
Suena el teléfono y no eres tú. Camino un rato más. Todo da lo mismo. No corre el tiempo. No importa que no seas tú. Da igual quien llame. El viento sopla y me gustan los bombones.







miércoles, abril 18, 2012

18 DE ABRIL

Vuelve el invierno a la ciudad. Sopla el viento y la lluvia cae de costado encima de mí. Caminar por la calle es ridículo y absurdo. El viento me mueve y la lluvia me azota. Vuelve el invierno en esta primavera ausente. La primavera es invierno sin ti. El cielo gris y negro y sucio. Mi casa caliente y cómoda, pero quiero salir.
Tus ojos azules aquí dentro, el calor artificial, tu colonia que resbala por tu cuerpo y que lo impregna todo y mucho más cada vez que me acerco a ti. El invierno nos encierra en casa. Yo quiero salir.
Pero tú no quieres estar bajo la lluvia. No quieres el viento y la lluvia sobre ti. La ciudad está sola en el invierno renacido. Todos se esconden en casa. Yo podría esconderme contigo. Pero quiero salir. Quiero la lluvia y el viento.






miércoles, abril 04, 2012

4 DE ABRIL

La ciudad huye de sí misma. Yo me quedo donde siempre. Llueve dulcemente y salgo a pasear bajo esta lluvia tierna y dulce. La lluvia moja todo muy despacio. A mí también. Es una sensación extraña esta de la lluvia dulce tocando mi pelo y goteando mis gafas. Había olvidado toda sensación de agua que no fuera la de la ducha. Agua fría y libre.
Te echaré de menos bajo la lluvia. Ya no es como antes. Me gusta echarte de menos. Alejado de la tristeza y el dolor, alejado de ti y de tu compañía y tus ojos azules. Me gusta echarte de menos. La espera forma parte de la alegría. Estos días sin verte no serán de espera, serán de premonición, de imaginación. Pensaré mirando la lluvia como será volver a tenerte.
La lluvia es tierna y dulce como tus ojos. Ahora estarías aquí hablando de la lluvia y de las veces que no llevas paraguas, o de lo bonito que es el paraguas de esa niña que pasa junto a nosotros. La lluvia es tierna y dulce. Tus ojos también. Todo se moja lentamente. Reconozco el olor a tierra mojada. El mundo parece contento.  





miércoles, marzo 28, 2012

28 DE MARZO

En el silencio no suena nada. Nada de nada. Te quedas escuchando y no hay nada. Nadie habla. Nadie dice nada. Silencio. La respiración. Mi propia voz. Es mi propio sonido. Los que hago. Los que provoco. Silencio.  Nada más. Todo el rato.
Entrar en el sonido. Tu voz que suena y que no para. No para. El sonido del resto del bar. Un hombre que nos escucha al fondo. Que escucha lo que estás diciendo, tus historias, tus cosas pequeñas. Tus zapatos rojos y blancos. Tus ojos azules que relucen. Sonríes. Tu vestido blanco y rojo. Tu sonrisa un poco roja. Tu sonrisa que luce y que suena. Que habla. Que suena. Tus palabras que no paran. Tu voz que se ríe un poco.
El silencio y tu voz. Y otra vez el silencio. Ahora sí. Por fin el silencio. Y tu voz aquí, por fin terminando con el silencio.




miércoles, marzo 21, 2012

21 DE MARZO

Hablo sobre el pasado. Mi pasado no es tan malo como pueda parecer. Llueve fuera. Frotas tus manos para quitarte el frío. Tus ojos azules brillan un poco menos. El cielo es gris y no hay luz. Tus ojos no brillan por eso, pero no son menos azules. Te ríes de mi pasado. O de mi forma de contarlo. La vida es así. Y a mí me hace gracia.
Llueve fuera y no podemos salir y pasear. Tus manos ya deberían estar calientes. Sonrío al comprobar que no es cierto. No debería hablar tanto. Demasiado rápido. Renacer tiene estas cosas. Las montañas a lo lejos se van llenando de nieve. Es demasiado tarde para esta nieve. Pronto se deshará y llenará los ríos.
Llueve fuera y dentro hace calor. Hablo de mi pasado. Contarlo es darlo por terminado. Por enterrado. Llueve fuera, pero da lo mismo. El renacimiento no tiene pausas. No siento miedo ni dolor. Y eso me asusta un poco. Sé que es una paradoja. Pero me río. Me río y hablo. La vida vuelve.







miércoles, marzo 14, 2012

14 DE MARZO

Esperar de otra manera. Esperar con la esperanza y la alegría de saber qué sucederá, de saber lo que va a suceder. Esperarte. Esperar y esperar y saber que estarás allí y que no hay más que hablar, que no hay más problemas. Dejar pasar el tiempo indiferente, dejar pasar el tiempo y que el tiempo te lleve.
Paseo. Leo. Pienso. El tiempo me corre en la muñeca. Todo lo que veo en la ciudad iluminada es un anticipo de lo que sucederá después. La ciudad me sonríe un poco. Es cruel y desmañada. Pero los días de sol las chicas salen y sus ojos azules brillan y deslumbran la vida un poco muerta que he vivido.
La ciudad también te espera y por eso el sol y el calor han llamado a estas cosas. Han llamado a las chicas y a las flores que me harán estornudar y a los pájaros que hacen ruido en las ramas. Las chicas sonríen entre ellas. Yo paso a su lado y disimulo. Me sigo sintiendo un poco un estorbo. El sol me calienta la nuca. Las chicas me han visto y sonríen.
Esperarte y salir a buscarte. Saber dónde y cuándo. Y sobre todo poder ir allí. Sé que tú estarás allí. Yo llegaré pronto.




miércoles, marzo 07, 2012

7 DE MARZO

Me vienes a buscar y me sonríes. La vida es una mañana soleada. Paseamos por el parque, por las calles que ya no conozco de esta ciudad que había olvidado, que tenía guardada dentro, pero que ya no es la misma por fuera. Tus ojos son más azules hoy. Pero me da igual. Podrían ser muy marrones o muy verdes. Lo que importa de tus ojos es otra cosa.
El sol le da a mi piel otro olor, otro color. Me dan ganas de correr, de saltar. Mi pierna responde bien. Mis pulmones se llenan. Simplemente así. Sin otras sensaciones. Suelto el aire de un golpe. Es un suspiro largo y alegre. Llevamos un rato en silencio y no importa. Paseas y te sigo.
La ciudad era más aburrida cuando me era conocida. Era vieja y me la sabía. Conocía sus esquinas, la gente que me iba a salir en cada lugar. Ahora ya no. Todo es nuevo. Mis ojos son nuevos. Tu compañía es nueva. No hay nada en la ciudad que no quiera conocer. Ninguna calle que no quiera pisar. Otra vez brilla el sol en tus ojos. No pienso en el tiempo.




miércoles, febrero 29, 2012

29 DE FEBRERO

Parado en el sol. Solamente eso. Sentir como se calienta mi piel, mi pelo, como la chaqueta me sobra, como empezaré a sudar dentro unos minutos. Tú estás delante. Hablas desde hace un rato, pero no te presto mucha atención. Miro tus labios moverse. Las gafas de sol que protegen tus ojos pero que no me dejan verlos y saber de qué color los pone el sol.
Este calor natural y distinto después del frío y el viento que corto mis manos en invierno da un olor distinto a la realidad. A tu pelo. A tu piel. Hablas desde hace un rato. Nos encontramos por casualidad. Hacía algún tiempo que no hablábamos. Pero no importa eso. Es hermoso haberte encontrado, escucharte, olerte, pero no importa eso.
Es el sol que brilla y yo que estoy parado aquí y notando que mi sangre late y que mis brazos sienten y que todo el cuerpo se estira y crece y olvida esos inviernos encogidos que he pasado. Parado en el sol. Apunto de sudar. Y además estás tú. Mañana será otro día. Por hoy ha bastado.





miércoles, febrero 22, 2012

22 DE FEBRERO

Mirar a sus ojos y ver que son azules. Y que me de un poco igual. La boca seca. Mucho tiempo sin hablar tanto. Mucho tiempo sin necesidad de explicar y decir y contar y contar otra vez. Durante mucho tiempo me hubiera quedado sólo con esos ojos tan azules. Pero ahora lo otro importa más. Continuar hablando.
Y escuchar. No lo que va dirigido a otro. No poner el oído y esperar. Escuchar lo que te dicen a ti. Lo que dicen para ti. Una historia que contar. Una narración que se hace sólo para ti y ahora. Hace tanto tiempo que ha sido mejor que volver a caminar.
El sol brilla. Pero no calienta. Ella sigue hablando. Sus ojos azules puede que brillen con esta luz. Pero no voy a pararme a pensarlo. Pienso en mi próxima frase. Mi corazón late. No sabía lo que echaba de menos hasta que no he vuelto a hacerlo. No sentí que lo perdía. Pero ahora sé que lo he recuperado.




miércoles, febrero 01, 2012

1 DE FEBRERO

Dormir. Sin pensar en despertarse. Sin una hora. Sólo tumbarse y dormir. Como si se fuera a acabar el mundo y a mí me diera igual. Sólo dormir y dormir y dormir. Sin que eso sea una prueba o una obligación. Los ojos cerrados y dormir. Y aunque sea solo, dormir.
Hoy sólo he dormido y dormido y dormido y no me he cansado de hacerlo. Como si hubiera sido un niño que no tenía colegio. Dormido sin más. Dormido como un tronco o una marmota. Dormido y soñando con una mujer que me sonríe todo el rato y a la que hablo y me habla.
Soñando. Y sobre todo durmiendo. Nada mejor. Y despertar con el sol ya alto. Y sin una obligación que nos llame. Dormir, dormir, dormir, como el que no lo ha hecho desde hace años, como una de esas cosas que se hacen sólo por hacer.




miércoles, enero 25, 2012

25 DE ENERO

Sentarse en una cafetería y simplemente estar aquí y escuchar y mirar. Simplemente eso. Nada más. Esperar que el tiempo pase sin pensar en él. El tiempo siempre pasa. Y a la misma velocidad. El que va lento o va rápido soy yo. He entrado y me he sentado sin más. En el vaso los hielos se han ido derritiendo. No he tenido prisa por beber. No he aparentado hacer nada.
Enfrente de mí una pareja habla. Se ríen. Al otro lado otros se abrazan y se besan. Ella le regaña porque se ha propasado. Le ha tocado un pecho en público. La pareja que se ríe habla y habla sin parar. Tal vez haga mucho que no se ven.
Hablan de su pasado. Y de su futuro. De su miedo. Están tranquilos. Como yo. Aunque ella hace trocitos el papel de la etiqueta. No paran de hablar. Pero se hacen reír. Eso me gusta. Oír cómo se ríen. Sobre todo ella. Es alta. Lleva el pelo suelto, pero recogido sobre las orejas. Los ojos son grandes. Me da vergüenza mirarla fijamente. Creo que él se ha dado cuenta.
Salgo a la calle. La gente se ayuda. Sin darse cuenta. Se hacen sentir bien los unos a los otros. Se reconfortan y se tocan. Se hacen reír y disienten pero se quieren. Camino por la ciudad un poco fría y un poco ausente. Un poco vacía. El mundo no existe, sólo la gente.




miércoles, enero 18, 2012

18 DE ENERO

Es fantástico el olor de la realidad. Inquietante. Me produce una gran curiosidad salir y que cada dos o tres pasos la realidad huela a algo distinto. Pasa una mujer y deja su aroma. Ella ya está a tres o cuatro pasos, pero yo me he quedado en su estela de perfume que me acompaña durante un rato. Me giro para verla bien. No era especialmente hermosa. Pero su olor sí. Y ese olor me excita.
La realidad me excita. Había olvidado eso. Junto a los cubos de basura el olor es desagradable. Pero un gato sale corriendo de allí. La gente ha tirado todo eso. Ha amalgamado toda su vida y la ha juntado en sus sobras. El olor es horrendo. Pero está lleno de otros olores. De una realidad que pasó y murió o se olvidó.
Quería haber olido la hierba cortada. No me gusta su olor. Me produce náuseas. También la realidad las produce. Y tenía curiosidad por sentirlas fuera de casa. Fuera de la enfermedad. Pero la hierba está quemada por el frío del invierno. La dejan crecer porque ha muerto. Tendrá que resucitar para volver a ser otra vez.
Toda esta vida nueva está llena de descubrimientos. De aprendizajes. De ilusiones.




miércoles, enero 04, 2012

4 DE ENERO

Es una sensación extraña la de este sol. No hará crecer las plantas. Pero a mí me gusta. Me hace crecer. Y salir. Quedarme quieto en mitad del parque en pleno enero. Caminar bajo el sol de enero es extraño. Caminar es extraño. Poner un píe ante el otro. Sin más. Y moverse. Sin necesidad de ayuda. Ha pasado a mi lado un hombre en silla de ruedas. Tenía motor. Se movía más rápido que yo. Muchísimo más rápido.
Esperar encerrado ha sido aburrido. Pero ha merecido la pena. Las esperas siempre se hacen largas. Pero forman parte de la alegría. No habría felicidad ahora bajo el sol si no hubiera estado bajo el techo tanto tiempo. Esperando poder salir. Poder resucitar.
Esa mujer que acaba de pasar es fea. Y mayor. Pero oír sus tacones detrás de mí hasta que me ha adelantado ha sido excitante. Imaginar cómo podría ser. Cómo serían sus ojos o su pelo. No he visto muchas mujeres últimamente. Todas en la tele. En las revistas. En internet. No son como esta. Es mucho más fea. Pero más real. Podría haber tocado sus pechos si hubiera alargado la mano. Y haber cometido un delito.
El sol y la resurrección van de la mano. Ojalá llueva un día. Hace tanto que no siento cómo me cae en la cabeza. Cómo suena en el suelo. Vivir a la espera ha estado bien. Pero sólo porque después vendría esto.