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domingo, febrero 21, 2010

NADA (FIN)

El pelo negro, más negro que nunca, de Laura está revuelto. El viento sopla fuerte fuera y su melena corta, estilizando su cuello, remarcando su cuello, está desordenada. Sus ojos tan grandes y expresivos están un poco rojos, no por la pena, por haber llorado o haber sentido que iban a llorar, es porque el aire le ha dado en la cara un rato.

Laura está satisfecha de sí misma. Sube arriba. Se quita la ropa, se pone la cómoda, la de estar en casa. Se mira en el espejo. Está sonriente. Despejada. Libre. Quiere ver a Rubén. Pero Rubén no está. No ha dejado nota. Sus zapatillas de correr están ahí, donde él las dejó. Se sienta Laura a esperarle.

Pero Rubén no se ha marchado. Está en el desván. Otra vez moviendo y buscando y leyendo viejos papeles. Mirando viejas fotos. La foto de María. Desgastada. Las cartas que no envío a María. Los poemas que sí le enseñó. Los poemas. Ahí está Rubén. Lee los poemas que le escribió a María y los compara con los que no ha podido escribirle a Laura. Y sigue sin saber el porqué. Cuál es la razón que se lo impide. Cierra los ojos y piensa en Laura. Puede verla completa. Sus ojos grandes. Su pelo negro. Sus curvas. Puede recordarla en todos los momentos del día. De la vida. Puede ir al día de la boda. Al segundo beso (el primero no fue bueno). Puede verla mirándole fijamente y escuchándole. Puede verla hace unos meses cuando no le miraba y no estaba nunca.

No puede ver el poema que habría de escribirla. Y eso ya no le preocupa. Porque cierra los ojos y no ve a María. Ve representaciones de María. Falsas imágenes de María. La literatura de María. Y ve lo que amaba de María. Que podía escribirla poemas. Que podía mirarla y no tocarla. Que no quería lo que había en ella, ni lo que se intuía en ella. Que quería otra cosa en ella. Su capacidad para hacerle fantasear.

Eso lo hace también Laura. Pero no son fantasías preciosistas, perfectas. Son fantasías reales. Y se alegra Rubén de no poder hacer el poema de Laura. Porque puede tener la vida de Laura. En el cuaderno en blanco que compró, preparado para escribir los poemas de Laura anota Rubén una cosa. Guarda después todas las cosas y busca el teléfono para llamarla. Y el teléfono de Laura suena a su espalda. Y Laura dice:

  • ¿Qué haces? Llevo un rato buscándote. Esperándote.

  • Estaba mirando unos papeles viejos.

    Y Laura se ríe una vez más de él. Porque sabe lo que estaba haciendo. Y le busca y le besa. Y Rubén no piensa en los poemas. Ni en el beso de Laura. Ni siquiera en la frase que ha escrito en el cuaderno, la primera y la única que tendrá ese cuaderno. Todos los amores empiezan y terminan, los de verdad vuelven otra vez a empezar.

    No lo piensa ahora Rubén. Después de mucho tiempo, no piensa nada.

    Torrejón de la Calzada, 1 de Agosto de 2009, 21 de Febrero de 2010.

    Para Ana Mª Martín Labrado. Casi única lectora.


sábado, febrero 20, 2010

NOS VEMOS LUEGO

La habitación es grande. La cama también es grande. Está, ahora mismo, desordenada. Un peluche inmenso en un rincón, sobre un sillón. Una consola con un espejo encima. El armario abierto deja ver la ropa que no lleva puesta la mujer. La otra ropa. La que no está tirada por ahí encima de la cama o donde Luis la ha lanzado. Dos mesillas muy altas. Fotos encima de ellas. Fotos de la mujer que está sobre la cama, con Luis.

Eva. Así se llama. Treinta y tantos. Morena. Alta. Pelo largo. Tumbada junto a Luis. Luis a menos de un metro de ella, desnudo, mirándola mientras habla. Mirándola pero sin atender a lo que dice. Sin pensar en que habla de su vida. De las cosas que hace el resto del tiempo que no gasta con Luis. De lo que le gusta Luis porque es divertido y no le da problemas y no como otros hombres que sólo traen problemas.

Suena el teléfono de Luis. Eva está acostumbrada a que el teléfono de Luis suene cuando está con ella. Sabe que es abogado y que muchas veces se escapa del trabajo para verla, para compartir con ella unos minutos de compañía. Y de diversión. Porque Eva se divierte con Luis. Y se divierte pensando en que podría estar con Luis, de verdad. Y así a lo mejor podría ser más feliz. Podría vivir más tranquila. Y más divertida. Podría seguir con su trabajo, pero no tendría que poner excusas para marcharse un rato a casa y estar con Luis, como ahora, en la cama.

Luis esperaba esa llamada. Y al colgar el teléfono ha visto el mensaje de Laura. Nos vemos luego. Ponía la hora. Y el bar donde empezaron las cosas a ir bien. Luis sabe lo que va a pasar. Y no sabe por qué ha sido así. No sabe qué ha sucedido para que Laura hay cambiado. Ha mantenido toda su vida oculta. Ha creado una nueva, una impoluta para Laura. ¿Por qué ella no quiere esa vida? No lo sabe Luis, no puede darse respuesta. Deja el teléfono y besa a Eva. Y le dice al oído: princesa. Eva se entrega, olvida lo que sabe, que nada cambiará, que todo seguirá como siempre, como en este momento.

Luis ha terminado. Está lavándose. Ante el espejo se dice que no, que no sabe por qué. Que no es su cara. Que no es su cuerpo. Que no es nada de él. Que no es por la parte que de sí ha mostrado. Que es ella, que la culpa es de ella. Lo que no sabe aún es si lo dirá luego o no.


domingo, febrero 14, 2010

BARRE

La cocina está llena de esos pequeños trozos de porcelana y cristal. Por cualquier sitio, inopinadamente, aparecen los trozos, de repente, sin más. Rubén anda buscando todos los trozos y juntándolos con el cepillo. Lleva mucho rato haciéndolo. Con una delectación impropia de un acto tan automático y tal vez vacío como es barrer. Lleva mucho rato haciéndolo y no quiere parar.

Cuando ha llegado ha visto los trozos. Laura estaba en la cocina. Le ha mirado, ha soltado un bufido, le ha dado con el hombro, ha soltado algo similar a una carcajada y se ha marchado. Rubén se ha quedado con la carcajada rara que ha soltado. Le ha gustado esa carcajada. Le ha divertido. Por eso ahora está juntando con esa cara los trozos de plato y vaso. No sabe cuántos han podido ser. Ni por qué han caído. Por eso piensa seguir haciéndolo más rato.

Rubén está pensando en el beso que le dio a Laura hace unos días. No pudo evitarlo. Laura estaba preciosa. El pelo corto, los ojos grandes, la mirada dulce, una pequeña sonrisa tal vez por volver a verle, por llegar a casa y encontrarle. Eso pensó él. Se alegra de verme. Y yo de verla a ella. Y le hizo un gesto y la atrajo hacia él y la besó. Laura se asustó un poco. Y luego se hizo la ofendida. Tenía que avisarla antes de besarla. A Rubén le gustó aquel beso. Aquel acto de puro impulso que había estado reteniendo tanto tiempo. Y que después había vuelto a retener. Ayer mismo cuando ella volvió del gimnasio, el pelo recogido en una pequeña coleta dejando el cuello a la vista. Pero no ha vuelto a hacerlo. Piensa en que volverá a hacerlo. Y en que le gustaría que fuera ella quien lo hiciera. Fantasea con ello. Con que sea ella la que le bese a él, inopinadamente.

Para Rubén de barrer por un momento y se asoma fuera de la cocina para buscar a Laura, pero no la ve. Rubén se está divirtiendo mucho. Barriendo, besando, pero también con el retorno. Volviendo a amar a Laura. Volviendo a conseguir que Laura se enamoré de él. Se acuerda del otro. De que hay otro. De que es el otro el que se acuesta ahora con Laura, el que tiene su cuerpo. Pero coge la escoba y da otra vuelta a la cocina. Qué más da, dice. Y sigue barriendo.


sábado, febrero 13, 2010

ENFADADA

Laura está enfadada con Rubén. No es un enfado como los de antes, es un enfado distinto. Está muy enfadada. Por un momento siente que le odia. Que debería matarle. Acabar con él. Es esa clase de enfado. El que sentía antes por él. Está enfadada con él y da vueltas por la casa, tratando de no golpear las cosas, de no tirar algo, de no gritar.

Pero tiene muchas ganas de gritar. De gritarle que le odia. De gritar cosas y cosas y cosas. Porque Laura sabe por qué está enfadada con Rubén. Lo sabe muy bien. Y eso hace que su enfado crezca. Porque sabe a qué viene. Por dónde le viene. Sabe que está enfadada con Rubén porque vuelve a sentir algo por él. Porque ya no le es indiferente. Ni es un cariño antiguo. Sabe que se ha vuelto a meter en ella. Lo sabe. Y eso la enfada. La cabrea. Hace que esté ahora relatando en la cocina, con ganas de tirar un plato al suelo.

Porque lo ha hecho otra vez. Y lo ha hecho en el momento inoportuno otra vez. Lo ha hecho cuando ya había cambiado su vida. Cuando su vida era otra. Y se ha metido otra vez en esa vida suya y se la ha vuelto a cambiar. Laura piensa que está otra vez enamorada de Rubén.

Ayer cuando ella llegó de trabajar le encontró en la cocina terminando de poner la mesa. Y él como saludo le propinó un beso largo e inopinado en los labios. Ella se enfadó con él. Pero no mucho. Mucho menos de lo que parecía. Le gustó ese beso a Laura. Pero se hizo la ofendida. Y después, pensándolo, pensado que realmente le había gustado es cuando se ha enfadado con Rubén, es cuando ha odiado a Rubén. Porque ese beso, un beso antiguo y también nuevo, un beso a traición, está por encima de todos los besos que Luis le ha dado. Y estará por encima de los que pueda darle. Y eso consume a Laura, porque ella ha sido tan feliz con Luis. Y ahora tendrá que dejarlo. Y ser feliz y no ser feliz con Rubén. Porque no tiene otra solución que querer a Rubén. Porque aunque quiera sabe que no puede hacerlo, que es más fuerte que ella. Y ese beso le ha corroborado todo lo que iba pensando durante las últimas semanas. Que Rubén es otro. Que no es el mismo. Que ha cambiado y ha mejorado. Que es un nuevo Rubén. Y que le gusta tanto como le gustó antes el viejo.

Sabe que su amor ha vuelto y no puede evitarlo. Y por eso ha acabado por tirar el plato el suelo. Y luego un vaso. Y ha sonreído. Pensando en los trocitos. Y pensando en Rubén.


domingo, febrero 07, 2010

VACÍO

Otra vez está Laura desnuda en la cama de Luis. Otra vez. Eso mismo se dice ella. Otra vez. Luis la abraza y una vez más, otra vez, le habla al oído. Y Laura no le oye. Hace unos días que Laura sólo se oye a sí misma, a nadie más. A ratos oye a Rubén. Pero pocos ratos. Por momentos se siente atrapada por esos dos hombres. Esos dos hombres tan distintos. Pero que finalmente tienen la misma capacidad, hacerla feliz. Y Laura sólo piensa.

Luis, cerca del oído de Laura, habla. Dice todo lo que siempre dice en estos casos. Dice que la quiere. Que la quiere. Dice princesa. Dice esto es mi vida, no lo que hago mientras tanto, no lo que hago hasta que llega este momento, sólo esto, sólo tú y yo abrazados, sólo tú y yo en esta cama, lo demás, princesa, me da igual.

La vida de Luis es eso, es llegar a casa y mirar que todo esté bien. Que todo esté donde debe estar. Y esperar que venga Laura. Hacer la cama. Perfumar la habitación. Prepararse. Ducharse. Afeitarse. Dejarlo todo perfecto. La vida perfecta. Esperando. Esperando a Laura. No tiene otra vida. Nada más. No hay en la casa nada destacable. No hay siquiera libros de derecho. Ni fotos. No hay películas. Sólo una televisión muy grande. Y un ordenador muy equipado. Música famosa. Nada más.

Luis espera en su casa a que alguien la llene, a que alguien haga de ella una casa de verdad y no ese lugar donde esperar. Luis sabe que su casa está vacía. Y que su corazón también está vacío. Luis no cuenta nunca su historia. Es una historia normal, habitual. Un abogado divorcista lo sabe. Ha visto tantas rupturas. Y la suya no fue distinta. Un hombre y una mujer en la cama. Y él se enteró. Y lo rompió todo.

Desde entonces Luis no quiere construir nada. Pero quiere que le llenen la casa. La cama. Y Laura hace las dos cosas. Ha habido otras antes que Laura. Una dejó en el armario algo de ropa y en el cuarto de baño algunas cremas. Las cremas se gastaron. Ella no volvió. Luis quiere una casa llena, pero no quiere un corazón lleno.

Laura no le oye. No le oye decir princesa, este es mi momento, esta es mi vida, tú en mi cama, no hay más vida que esta. Laura no oye nada. No quiere oír nada. Ni siquiera a sí misma.


sábado, febrero 06, 2010

EN LA DUCHA

Laura tiene la cabeza apoyada en la pared embaldosada de la ducha. Se ha apartado un poco, muy poco, el pelo para que el chorro de agua le dé directamente en la nuca. Laura se está limpiando, no el cuerpo, o no sólo el cuerpo, olor y sudor de Luis y de ella misma, sino también más allá. Se está limpiando algo que sabe que no puede limpiarse se está limpiando una mancha que no existe.

Los ojos cerrados, los grandes ojos cerrados, Laura piensa. Por qué. Por qué si todo iba tan bien. Si todo era perfecto. Si ya estaba. Por qué. Piensa en Luis. Y en que su mundo con Luis estaba ya en marcha. Que ya era. Estaba ahí. Podía cogerlo, tocarlo. Sólo faltaba una cosa y ya estaba y ya estaría para siempre. Pero ahora no sabía nada. No sabía qué hacer. Qué tendría que hacer o decir. Por qué sentía lo que sentía. Porque pensaba de más. Porque todo ya no estaba claro. Y las noches con Luis eran maravillosas. Sus noches en la cama. No sólo el sexo. También todo lo demás. Las risas. La complicidad.

Pero las noches con Rubén. Esa semana había cambiado una noche de Luis por una de Rubén. De Rubén sólo hablando. Sólo diciendo cosas. Le encanta oírle hablar. Cualquier tema del que habla se vuelve interesante. O divertido. Puede inventar cualquier cosa. Aún, después de tanto tiempo, eso le parece mentira. Y le parece mentira que le siga gustando tanto. Y que le sigan sorprendiendo sus cosas.

La otra noche Rubén miraba a otra parte, una costumbre suya un poco rara, se ve que nunca puede mirar a los ojos directamente cuando está inventando y dijo algo. Laura, no recuerda ya qué fue, no tuvo más remedio que lanzarse a él y besarle. Tuvo que hacerlo. Lo hizo. Sin más. Le besó. Un beso largo. Un beso de verdad. Rubén, se quedó algo aturdido. Laura dijo: te lo has ganado. Y sí se lo había ganado.

Ahora, en la ducha, el agua corriendo por su cuerpo y tal vez limpiándolo, piensa Laura y no sabe qué hacer. Por qué ha sucedido esto. Cómo ha llegado a esta situación. Cómo puede ser que no sepa.



domingo, enero 31, 2010

TRAICIÓN

El pelo de Laura, moreno, media melena, se ha dejado algo de flequillo, está aplastado, desordenado, sudado. Sus ojos cerrados, su boca apretada, en su cara esa imagen contradictoria de dolor y de ansia, de más. Sus ojos han sido más grandes que nunca cuando los ha abierto de repente. Y ha abierto también su boca. Y ha caído otra vez. La cama ha sido más blanda, más dulce.

Luis, ahora a su lado, se ha pegado a su oreja y le ha ido hablando. Quería provocarla. Que riera. Que se diera la vuelta y le mirara a los ojos, pero Laura, la mirada perdida, sus ojos enormes en algún punto del techo, no lo ha hecho. Por primera vez desde que lo hace Laura se siempre culpable. Siente que está traicionando. Que aquello no es que esté mal. Es que es indigno. Le han entrado ganas de llorar, de marcharse. Pero Luis la ha abrazado y ella ha tenido que quedarse quieta, cerrar los ojos, aguantar. Hoy no ha sido un acto de amor. Le ha gustado. Pero no ha sido un acto de amor. Ha sido otra cosa que no sabe definir. Laura no sabe.

De vuelta a casa Rubén estaba contento. Veía un partido. Reía. Al llegar ella se ha quitado por un momento los auriculares y la ha sonreído. Estaba tan contento que Laura ha tenido ganas de golpearle. ¿Por qué? Ha pensado en Luis. Laura no sabe a quién está traicionando ahora. A Luis. A Rubén. A sí misma. A todos.

La alegría de Rubén siempre es misteriosa, pero últimamente es, además, constante. Y no sabe ella a que se debe. Por qué aquel hombre siempre triste. Aquel hombre impenetrable está ahora así. Y sobre todo no sabe por qué la mira así. Por qué la mira de esa manera tan nueva y que a ella le gusta tanto. Por qué se concentra tanto en sus ojos y la busca por dentro. Cree que sus ojos la están llamando. No quiere mirarlo. Se va arriba, se mete en la ducha. El agua en su espalda, en su cabeza la hacen pensar más aún. Y no consigue salir de su bucle de contradicción. No sabe por qué sus ideas tan claras se han enturbiado. Por qué Rubén ahora. Cómo lo ha hecho para otra vez volver a sus pensamientos. Cómo lo hace para que ella se sienta así. Y piensa en Luis y en como hace sus ojos crecer. Y sus ojos se cierran bajo el grifo de la ducha. La respuesta no llega, pero el agua al menos es placentera. Limpia.


sábado, enero 30, 2010

RISA

Los ojos grandes de Laura, tan grandes que parecen de una muñeca, se miran en el espejo. Laura se ha levantado contenta. Y no tiene nada que ver con Luis. Su alegría ha ido unida a ese hombre los últimos meses. No se recuerda a sí misma tan contenta desde hace mucho tiempo. Ha meneado un poco las caderas mirándose en el espejo, recordando una canción. Está feliz. Y se lo ha dicho a sí misma. Y no piensa en Luis.

Cuando se ha dado cuenta de que está muy contenta y de que no ha pensado en Luis, se ha sentido un poco culpable. Y ha querido decirse que toda su felicidad depende de Luis. Siempre ha dependido de él. En los últimos meses. Y que ese baile mañanero y esa alegría tienen que ver con que luego le verá. Eso se ha dicho.

Anoche, Rubén la hizo reír. Río mucho. No recordaba que Rubén era un hombre muy ocurrente. No le había escuchado en serio desde hacía mucho tiempo. Y si Rubén tenía algo bueno era escucharle. Nunca se tenía idea de lo que iba a decir, de por donde iba a salir. Comparaciones, metáforas, silogismos extraños. Conocía bien los resortes del lenguaje. Y cómo usarlos. Siempre le gustó eso de él. Que pudiera sorprenderle a la hora de hablar.

Además Rubén podía adaptarse a cualquier conversación. Podías decirle lo que quisieras. Daba igual. No iba a decir nada. O iba a aportar un punto de vista distinto. El más raro. El más cómico. O eso le parecía a Laura. Claro que entonces yo estaba loca por él, se ha justificado. Pero recordaba como otros se reían con él. Como sus ocurrencias estaban en la boca de los demás. Y no eran imitables.

Anoche, hablando de la oficina, había estado brillante, chispeante. En un momento Laura tuvo que besarle para que callara. Sabe Laura que al final eso no depende de nada. Sólo del día que tenga él. Que siempre puede ser mordaz. Pero que no siempre quiere serlo. También notó en él algo más. Una sonrisa distinta. Se alegraba de hacerla sonreír. Se complacía en ello. Ella le tocó un momento. Y él se río más. Laura no recordaba las cosquillas que tenía. Cualquier roce le hacía reír. Le hacía estremecer.

Recordó por qué se había casado con él. Como había conseguido enamorarla. Otra vez se siente Laura culpable. No está pensando en Luis. Piensa en Rubén. Le debo mucho ha dicho. A Rubén. A Luis también, pero menos. Y ha sonreído en el espejo pensando en Rubén. Por detrás ha pasado él cantado. Estando contigo, contigo, contigo me siento feliz. Laura se ha reído. Se ha girado. Ha pensado en ir y besarle. Se ha sentido culpable. No puede faltar a Luis.


domingo, enero 24, 2010

CONOCERLA

Rubén no encuentra el resorte para acercarse a Laura. No sabe cómo hacerlo. Piensa y piensa mirando el cuadro del salón pero no se le ocurre nada. No sabe qué hacer. Tiene la idea de que esta Laura ya no es como era, que tiene que hacer algo distinto a lo que ya hizo. Pero no sabe qué. Y ya no lo conoce como antes.

Pasea por su habitación mirando su ropa. Pone en fila sus blusas, sus jerseys, sus chaquetas, saca algunos zapatos. Observa, furtivamente, los cajones con la ropa interior. Saca el pijama. Todo huele a Laura piensa. Se está poniendo poético. Pero no se trata ya de escribir el poema para Laura. Aunque cree que tampoco podría ahora. Tal vez sea eso, se dice, cuando pueda escribirle el poema, ese será el momento.

Como ese momento aún no ha llegado Rubén se concentra en todo lo demás. Sabe que no puede usar golpes de efecto. Serían demasiado llamativos. Viajes. Cenas románticas. Regalos. De momento ha de proceder con ella como si fuera una extraña, como si no la conociera. Primero tiene que conocerla, hacerse notar. Que ella también se fije en él y luego seguir hasta conseguirlo. Si es que puede conseguirlo.

¿Cómo hacer para conocer a la mujer que duerme junto a él? No se imagina nada. Así que Rubén va a dedicar el tiempo a escucharla. A hacerla hablar, es lo único que se le ocurre. Volver a saber su vida. Así podrá encontrar conversaciones, buscar lo que siempre le da resultado, el humor.

Los últimos días Rubén ha escuchado todo lo que Laura ha dicho dentro de la casa. Y también le ha preguntado cosas. Necesita saber más. Ana y Joaquín están muy contentos juntos. La oficina está hecha un desastre. Mi madre no soporta más al gato, se asfixia por la maldita alergia. Rubén está entrado otra vez en su vida. Y eso necesita. La vida pequeña de Laura. Luego, ya verá.


sábado, enero 23, 2010

NADA CAMBIA

Rubén se siente observado. Desde que sabe que otros lo saben, que otros saben que Laura tiene a otro, ama a otro, cree que todos le miran, que todos le piden algo. Le piden que se entere. O que grite. O que busque y golpee, que busque y destruya. Pero Rubén no va a hacer eso. No va a destruir nada.

Odia sentirse observado, pero no puede evitarlo. Cree que todos murmuran, que todos hablan de su vida. Lo toma con resignación. Qué se le va a hacer. Es la realidad, hay que afrontarla. A Rubén no le preocupa quién sea el otro, cómo sea, qué diga. Sólo le preocupa Laura. Por momentos duda de su teoría del retorno, de que ella ha de volver a quererle igual que él vuelve a quererla. Pero Laura está feliz y en cualquier caso un incumplimiento de esa teoría sería un éxito si ella es feliz.

No sería feliz con él y eso sería duro. Habría que asumirlo. Correr muchas muchas horas pensando en ello. Pasar muchas horas mirando el cuadro del salón pensando en ello. Pero si Laura es feliz, si la mujer a la que ha querido y quiere y habrá de querer siempre todo será bueno.

Rubén habla con Mateo el asunto. Le ha preguntado si él ya lo sabía. Y sí lo sabía, antes de que pasara. Sabía que eso habría de pasar. Y ahora, qué, le ha preguntado Rubén. Ahora, nada, ahora lo mismo que antes. Seguir tu camino. Si quieres volver, si quieres marcharte, simplemente lo mismo, esto no cambia nada. No para mí. ¿Y la gente? Qué importa la gente. Además Laura es discreta, dudo de que lo sepa demasiada gente. Nadie hablará de ti, y qué más da si lo hacen, tú haces lo que debes no lo que quieren. No es una votación, es una decisión.

Rubén lo tiene claro. Esto no ha de cambiar nada. Por más que haya murmullos, que los demás digan. Por más que sepan. Es cierto que esto no va a cambiar su amor por Laura. Y si esto no va a suceder, qué más da todo. Lo importante es que Laura le quiera, que estén juntos. Saber hacer cierta la teoría, que el retorno se produzca. Y el plan es el mismo. Observar, preparar, quererla. Lo hizo una vez, ha de volver a hacerlo. Ahora hay otro, sí, pero no importa. Eso se dice Rubén. Aunque a ratos, no puede creerse a sí mismo.


domingo, enero 17, 2010

PAPEL


Ana ha ido a ver a Rubén. Él se ha sorprendido. No esperaba que Ana le visitara en casa. Lo primero que le ha dicho ha sido, evidentemente, Laura no está. Pero Ana ha dicho que no importaba que venía a verle a él, que hacía mucho tiempo que no le veía, que no sabía nada de él y de su vida.

Rubén se ha extrañado. Nunca ha tenido una relación demasiado fluída con Ana, nunca han hablado demasiado. O al menos no demasiado en serio. Rubén sabe de su relación, de lo bien que Ana y Laura se han llevado siempre, que se han apoyado la una en la otra, se han sido necesarias y útiles.

Ana siempre se ha reído mucho con él, lo sabe. Sabe que siempre esa ha sido una de sus mejores armas con las mujeres y sabe cuando las hace reír. Cuando se ríen con él. Cuando su risa es sincera.

Ana ha estado muy simpática, riéndose mucho. Rubén le ha contado sus cosas. Las cosas de Rubén son insignificantes. Lo que importa es como las cuenta.

En un momento dado Ana ha dicho: Laura está ahora con otro hombre. Rubén no ha dicho nada. Ha mirado a Ana. No ha preguntado lo que ella esperaba, cómo lo sabes, qué dices, es imposible.

Rubén sólo se ha reído. Después ha dicho que era mejor que se fuera. Pero Ana ha insistido, está ahora con otro hombre. Y le ha dado unos datos que Rubén intenta ahora borrar de su memoria. No podrá, pero hará como si no los sabe.

Rubén ha pedido a Ana que se fuera. Y le ha dicho que no quería saber nada de aquel asunto. Ana cree que Rubén hace mal negando la evidencia, que se va a hacer daño así. Que lo primero es asumir la realidad y luego enfrentarse a ella.

Rubén no puede decir que lo sabe, que lo sabe hace tiempo. Y que lo ve normal. Y que no pasa nada. Y que todo se va a arreglar, y que él sabe que será así, y que ya casi sabe cómo lo va a hacer.

Ana, después, ha dicho que ella nunca le pondría los cuernos, que un hombre tan bueno y tan guapo y tan interesante es lo que ella siempre ha querido y que por eso no podría cambiarlo por otro.

Rubén ha sonreído. No, no podrás cambiarme por otro. Y le ha pedido que salga.

Ana se siente un poco humillada. Esperaba que Rubén la hiciera caso al fin, que la besara, que se vengara en ella. Le parece un buen cambio. Laura con Luis y ella con Rubén.

Pero Rubén no la ha hecho caso.

Después cuando ella ha salido se ha quedado Rubén pensando en este hecho. ¿Cambia el que lo sepan el hecho en sí? Y sobre todo, ¿Cambia mi percepción, mi obligación y mi intención sobre el asunto?

Sabe que sí, que si los demás lo saben él tendrá que ejercer un papel que no quiere.


sábado, enero 16, 2010

REMORDIMIENTOS

A Laura a veces le asalta el arrepentimiento. No por Luis. No por el sexo con Luis. Ni por Rubén, por dejar a Rubén encerrado en su despacho o delante de la televisión. Le asalta el remordimiento por no ser capaz de hacer lo que debe. Por no dejar a Rubén, no decirle lo que está sucediendo, no ser valiente y ser capaz de hablarle de lo que está pasando.


Laura trata de no pensar. Está convencida de poder hacerlo, de poder hablar a Rubén sinceramente, pero sólo necesita tiempo para entender un poco las cosas, para hacerse una composición de lugar. Luis se está portando bien, no la mete prisa, no le pide que vaya con ella todos los días. Él espera, simplemente, que ella vaya.


La situación más incómoda no se da con ninguno de los dos. Se da con los demás. Se da con Ana y Joaquín y muchos otros que Laura percibe que lo saben. O que realmente lo saben. Nota que le echan en cara su comportamiento, su maldad. Es entonces cuando Laura se arrepiente de no hablar con Rubén. Así podría mostrarse cómo es. Sin problemas por su comportamiento.


Ana y Laura hablan siempre de lo mismo. De la necesidad de decirle a Rubén lo que sucede. De lo bien que él siempre se portó con ella, con todo el mundo, de lo incapaz que ha sido siempre de hacer daño a la gente. Del daño que seguramente ella le va a hacer a él. No pueden hablar de otra cosa.


Laura percibe que Ana está enfadada con ella. Aunque no entiende bien por qué, si ella casi la empujó a Luis. Hablan también mucho de Luis, de sus detalles, de sus cosas, de lo bien que está Laura ahora, tan joven, tan guapa, y de lo que tiene que ver Luis en eso, que parece que es mucho.


Ana no habla de Joaquín. Laura la nota insatisfecha. Pero no es una mujer simple, siempre ha sido una insatisfecha. Ese es su gran problema, que nada ha podido nunca colmar sus expectativas. La realidad siempre ha ido defraudándola. Ahora, Joaquín, un hombre bueno, trata de hacerla feliz. Y parece que lo está consiguiendo. Pero ella es poco dada a las efusiones, a dejar de quejarse como siempre lo ha hecho.


Laura piensa en Rubén, y en las palabras. Pero le ve tan tranquilo, sus auriculares, su partido de fútbol, que no se atreve a decir nada. Mañana será otro día. Y se vmarcha a ver a Luis.



domingo, enero 10, 2010

OBSERVANDO

Rubén observa a Laura. Mira sus gestos, sus acciones, sus comportamientos. Mide sus palabras. Sus sonrisas. Ve actos espontáneos. De repente sonríe sin motivo. Mira lejos. Seguro que es un recuerdo. Que piensa en él. Rubén ha asumido que Laura no sólo tiene un amante, que hay otro, también ha asumido que a ese otro sí le quiere, que está enamorada de él. Que lo que está haciendo es lo que ella podría llamar un acto de amor. Y sabe que no va contra él. Que no va contra Rubén. Que es sólo una forma de demostrar el amor que tiene por ese otro y que tiene ya siente por él.
Rubén la mira tierno. Le gusta verla tan contenta. Tan risueña. Aunque con él cambie la cara. Se lo ha dicho. Me gusta cuando estás contenta, cuando eres feliz. Y ella se ha puesto roja y ha salido rápido pero no demasiado de la habitación. Rubén se ha sonreído. Sabe que va perdiendo.
Ha de conseguir que esté contenta por él. Y tiene que conseguirlo él. No valdrá hacerlo de otra manera. No le echará en cara nada. No le dirá que lo sabe. Da igual saberlo o no saberlo. Ella ya no le quería y está actuando en consecuencia. No ha usado la palabra perdón, porque realmente no tiene nada que perdonarla, se dice. Ha de recuperarla, y tiene que empezar ya.
Sabe que nunca ha sido un hombre tierno. Por eso no puede serlo ahora tampoco. Y que muchas de las cosas que tenían las habrán perdido irremisiblemente. Pero tiene otras cosas, tiene su palabra, sus ocurrencias, su capacidad para hacerla reír. Por ahí quiere empezar por hacer que Laura se ría con él, de él. Siempre es él mismo el principal personaje de sus comedias, de sus chistes. Y ahora será igual. La hará reír para que vuelva a ver a parte del Rubén que fue.
Y luego tendrá, como tantas otras veces, que improvisar. Tendrá que inventarse a sí mismo según vaya avanzando. Tendrá que ir haciéndose para ella hasta que pueda volver a ser él mismo y ella esté otra vez enamorada de él.
El problema ahora es cómo hacer eso, cómo conseguir que ella se ría, cómo compartir el tiempo necesario para eso, sin violentarla, sin enfadarla porque rompa sus citas o su relación con el otro. Poco tiempo está Laura quieta en casa. Tiene, continuamente, citas de trabajo, cursos, actividades que hacer por la tarde. Ese el primer paso. Encontrarse con ella. Como la primera vez tuvo que esperarla en los ascensores de aquel edificio durante horas. Así comenzará el nuevo amor. Así es que habrá que empezar a contarlo.

sábado, enero 09, 2010

LO SABE

No ha querido saber pero lo sabe. Rubén lo sabe. Laura no se lo ha dicho, pero él lo sabe. Nadie se lo ha dicho, ha sido una conclusión lógica, ha sido el final de un pensamiento ordenado, la concatenación lógica de los sucesos ha llevado a eso. Si ella le quería pero ya no le quiere, es que era infeliz. Si era infeliz ha debido procurarse la felicidad en otro lado. Si ahora está feliz es que ha encontrado esa felicidad. Y si Rubén no se la está dando es otro el que está haciendo feliz a Laura.
El primero golpe ha sido duro. Pensar en Laura con otro hombre, no tanto tocando y siendo tocada por otro hombre, sino siendo contentada, haciéndola reír, impresionándola, hablándola tierna o al menos certeramente, ha sido difícil de asumir.
Pero se ha dado cuenta Rubén de que lo tenía previsto, de que tal vez ya lo sabía, no con un conocimiento consciente, sino de una manera inconsciente, que ese pensamiento, esa realidad ya estaban en él, esperando a salir, y que sólo ha hecho falta juntar dos ideas y la conclusión ha sido la esperada.
Se ha sentado Rubén toda la tarde en el despacho. Lleva horas escuchando la misma canción. A veces la canta. A veces la grita. A veces no la oye. Es una canción lenta, inglesa. Una canción que tal podría bailar con Laura. Siempre ha soñado bailar con Laura, pero nunca lo ha hecho.
Se pregunta quién, cómo, dónde, pero siempre se responde “yo”. Sabe o intuye que la culpa es suya, que el culpable de la infidelidad de Laura, de que Laura haya ido a otro lado es él. Pero no se maldice. Ya lo ha hecho bastante. Se centra en asumir la realidad. En ver cómo va a arreglarlo, cómo alterara esto su plan de volver a empezar.
Si el culpable es él no tiene nada que reprocharle a Laura, ni nada que reprocharle al amante. Nada que perdonarle. Nada de que acusarla. El culpable es él. Y la cuestión es cómo va a perdonarse.
Y su otro problema, quizá el más grave, pero en el que ahora no puede pensar porque está bloqueado por la culpa y, aunque no lo diga, por el dolor, es qué supondrá esto. Si estará Laura o no enamorada. Si le hará esto más difícil su idea. Si ya no podrá, aunque quiera, volver a empezar.


domingo, enero 03, 2010

VUELTO

Rubén, vuelto de su ensimismamiento, mira a su alrededor y busca a Laura. A veces se queda mirando el cuadro del salón y se pierde. Piensa y un pensamiento le lleva a otro. Se encadenan en él las historias, las fantasías, los recuerdos. Puede estar así mucho rato. Luego vuelve a la realidad, pero todavía con una sensación de que lo vivido allí era real.
De joven tenía un cuadro igual en casa de sus padres, un cuadro que se quedaba mirando sin motivo y en el que se concentraba estúpidamente. En ese cuadro estaban todos sus recuerdos, sus fantasías de ser jugador de fútbol o entrenador, sus amores. El sexo. En ese cuadro soñaba estar y bajo los árboles que lo llenaban, poseer a una mujer.
Laura no está, parece que ha salido. Una vez más piensa Rubén. Desde que está relajado, desde que sabe que volverán a ser lo que eran, a formar otra vez una pareja, desde que sabe que volverán a quererse, busca más a Laura. Trata de estudiarla.
Pero es difícil, porque Laura y él no coinciden mucho. Ambos trabajan toda la mañana. Y por la tarde, él sale a correr, corrige, trabaja en el despacho. Ella ¿qué hace ella? Rubén lo piensa y recuerda que hace años tomaba clases de cocina. Pero las dejó. Por eso él sigue cocinando.
También intentó la pintura. Y hay algunos cuadros que prueban que si hubiera sido más constante, no lo habría hecho mal. Pero lo dejó también. ¿Qué hará ahora? Rubén no lo recuerda. Presume de buena memoria, pero debe haber estado muy encerrado en su despacho, en su mundo para no acordarse de algo así.
Lo importante, se dice, es que no está y que necesito que esté para saber cómo es, qué hace, cuáles son, ahora, sus vicios, sus manías, sus costumbres, si sigue mirando más arriba de los ojos, si sigue tocándose el pelo o si ha empezado a morderse las uñas.
Pasea Rubén por la habitación buscando una respuesta. Un modo de estar cerca de Laura sin que ella trate de alejarse o sin que note algo extraño en el comportamiento de él. Observarla mientras duerme, se dice a sí mismo sonriendo, no vale, eso ya lo hago y me sirve para aprenderme los ritmos de su respiración, sus arrugas, sus ojos cerrados. Necesito más. Que me hable, si no me habla no puede volver a quererme.
Y así pasa Rubén toda la tarde buscando como conseguir que su mujer vuelva a hablarle como le hablaba antes. Y no encuentra, aún, la respuesta.


sábado, enero 02, 2010

HABITACIÓN

En la habitación reina la luz. El sol entra por la ventana y dibuja sombras precisas y alargadas en la pared. Se distinguen los árboles de fuera y todo aquello que ilumina el sol a su paso. Es la pared un expositor. La sombra del galán es un hombre nuevo en la pared. Hay una sonoridad alegre que viene de la calle.
Los dos cuerpos en la cama, un encima del otro, quietos, reposando de lo sucedido, tienen un imagen húmeda, de sudor, de brillo y alegría en la piel. Están los dos en silencio. Parece que no tienen ahora nada que decir. Se miran, el pelo despeinado, la verdad más absoluta en los rostros. Se ríen. Se sonríen.
Laura le dice a Luis que lo hará pronto, que no pueden seguir así, con ese aire de furtivos con el anillo saliendo y entrando de su dedo a cada rato, como si fuera y no fuera la mujer de Rubén, como si dejara de serlo por un rato para estar con él y luego volviera a su vida de siempre. Que ella tiene que estar con Luis, tiene que estar allí, en aquella habitación, que hay que darle a esa habitación un tono más humano.
La habitación es una cama grande, una mesilla, un armario con enormes espejos, un sillón pegado a la pared, un galán de noche que guarda el traje de Luis, que es el otro Luis. Destaca más por lo que falta que por lo que tiene. Ningún rasgo personal. Es como el dormitorio de una tienda de muebles. Sin fotos. Sin libros. Sin cuadros. Sin adornos. Sin nada propio. Pura zona de uso.
Los cajones, los estantes del armario, pulcramente ordenados, contrastan con la ropa que ahora está tirada por cualquier lado sin ningún orden, la de una y la de otro. Mezcladas. El precinto de un preservativo también en el suelo.
Luis dice que la entiende que no se tome el tiempo necesario, el que crea apropiado, es difícil, es muy difícil hacer aquello, dejar a tu marido por otro hombre. Venir aquí conmigo y dejarle a él solo, a él que tanto te quiere y te ha querido. No has de tener prisa. No has de precipitarte. Hazlo a tu ritmo. Yo estaré aquí esperando. Yo no tengo prisa. Mi habitación no tiene prisa. Está bien así.
Y Laura le besa tierna. Luis entiende lo que ella dice, lo que precisa. Va a repetir el acto de amor por Luis.


domingo, diciembre 27, 2009

SERÁ

Con la mirada baja irá hablando, le irá contando. Están juntos por fin desde hace mucho tiempo, sentados en la mesa de la cocina. La ventana abierta, suena fuera el ruido de los pájaros, algún coche que pasa. La cocina está limpia. Es por la mañana y aún Rubén no ha hecho la comida.
En esa mesa es donde comen los dos desde hace muchos años. Laura lo mira de vez en cuando, sabe que no tiene que tener la mirada siempre baja, que tiene que mirarle todo lo que pueda. Que tiene que hablarle a los ojos. Él siempre se lo pidió: háblame a los ojos.
Tendrá el discurso ensayado. Las palabras precisas y más perfectas posibles. Lo siento. Siempre te querré. Pero será de otra manera. Lo hemos pasado bien. Hemos sido grandes. Me has hecho muy feliz. Te echaré de menos.
Sabe que tiene que hablarle de Luis. Sabe que Rubén no va a llorar. Que no dirá nada. Sabe que Rubén es fuerte. Y es un actor. Sabe que no llorará. Que no se quejará. Que la ayudará en lo que necesite. Lo sabe. Él siempre ha sido así.
Sabe también que le preguntará por Luis. Y que querrá conocerle y saber cómo es. Y que seguirá cuidando de ella. Sabe que dirá que si él le hace daño el estará siempre. Que no tienen que dejar muchas cosas. Que sólo han dejado de quererse de una manera, no de todas las maneras. Conoce bien a Rubén, sabe lo que dirá.
Sabe que no le gustará Luis, porque Luis es la clase de hombre que nunca le ha gustado. De los que viven todo para fuera y que parecen muy vacíos. Pero sabe también que si ella quiere, que si le hace feliz, él se esforzará. Y no dirá nada malo de él. Y hasta podrá salir con él a correr alguna vez. Sabe que lo hará por ella.
Sabe que él no llorará pero que ella sí. Y que será Rubén, como siempre, el primero en consolarla. Pero sonríe al pensar en Luis, en que será Luis el que realmente la consuele. Porque tendrá pena. Porque es una pena eso que le ha pasado con Rubén. Porque aquello parecía eterno, porque era bueno.
Y llorará varias noches. Pero Rubén no. Se levantará muy triste pero no llorará. Irá a trabajar, saldrá a correr, leerá, verá películas, se pondrá los partidos, gritará con los partidos, pero no llorará. Nadie sabrá que está triste. Y que es por ella.
Laura sabe que será así. Ahora tiene que hacerlo.

sábado, diciembre 26, 2009

DESCUBRIMIENTO

Para Rubén no es un propósito, es una realidad. Laura le amará de nuevo. Al llegar a esta conclusión, esta mañana ante el espejo del baño, el cepillo de dientes moviéndose rítmicamente por encima de sus dientes, se ha dado cuenta de que ha asumido otra idea para llegar a esta. Laura no le quiere.
No le ha sorprendido la idea, pero le ha dolido. Porque ya no le quiere. Y porque él lo ha aceptado de una manera natural, automática. No se ha sorprendido. No se dolido por ello. Pensaba que cuando esto ocurriera él se daría cuenta y le dolería. Y que sería absolutamente evidente.
Además están los errores. Aquellos que han llevado a este momento. ¿Por qué ella ya no le quiere? Y la respuesta ha sido que la culpa es suya. De Rubén. Que él mismo se ha hecho poco amable. Que ha sido un hombre al que ya no era difícil amar, sino incluso acompañar. Demasiado pensamiento. Demasiada introspección. Demasiado tiempo dedicado a sus actividades propias, a pensar en el despacho, a construir teorías. A dejar de mirar a Laura. De acompañarla, de saber qué es de ella, de compartir cosas con ella.
Por supuesto, piensa, ella también habrá puesto de su parte. Se habrá ido alejando de mí, aunque haya sido por defensa o aburrimiento. Me habrá ido dejando con mis cosas, mis rarezas, a un lado, sin que la moleste, sin molestarme. Y habrá construido otra vida aparte, fuera de mí, sin mí.
¿Cómo será esa vida? Rubén ve que ya no conoce a Laura. Que ha de volver a mirarla, a pensarla, a descubrirla. Ha sonreído en el espejo ante el trabajo que le queda. Le gusta ese trabajo. Le gusta la idea de tener que descubrir cómo es la mujer que duerme a su lado, que come junto a él, la mujer cuyo cuerpo conoce o recuerda, o al menos eso cree.
Todo será nuevo otra vez. Y eso ha puesto a Rubén de muy buen humor. Ha de volver a construirla. A construirse él también. Tiene que hacer que nuevamente se enamore de él, con l complicación de que ahora ya le conoce, sabe sus defectos y no puede ocultarlos.
Aún así sabe que ella le amará de nuevo. Que ya no le quiere pero que le querrá. Se ha ido silbando al trabajo.

domingo, diciembre 20, 2009

ESPERAR

Laura está notando algo diferente en Rubén. Ya no es el que fue. No sabe cómo explicarlo. Se conocen hace tanto, llevan juntos tanto tiempo que ha habido muchos Rubén igual que debe haber habido muchas Laura.
Pero este tiene algo distinto al que fue durante más tiempo al menos. Este, aunque Laura aún no la ha notado, se parece mucho al primer Rubén, al que estaba seguro de sí mismo, de que se enamorarían, de acabarían compartiendo gran parte de la vida.
Laura observa a Rubén. Busca el momento mejor para decirle que ya no le quiere, para decirle, si se atreve, que hay otro, que otro está ahora ocupando su lugar, otro ocupa su corazón y su cuerpo. Son palabras duras. Pero ha de hacerlo. Es, como ya dijo antes, el último acto de amor que hará por Rubén.
De tanto observarle, de buscar el momento bueno para decirle esas cosas, Laura está descubriendo en él cosas distintas. Incluso está reflexionando sobre el que ha sido los últimos meses, estos meses que a ella se le han pasado volando. Ese Rubén de los últimos meses, despistado en exceso, durmiendo a todas horas en el sofá, revolviendo papeles en el desván, no este Rubén. Este es distinto.
Laura no suele preguntarse por qué suceden las cosas. No normalmente. Su mente es menos analítica. Lo que hace es buscar la forma de amoldarse a las situaciones. Y así está haciéndolo ahora. Está viendo como es este otro Rubén que ha brotado del otro, del aburrido y durmiente y cansado Rubén.
Incluso está notando que está más fuerte. Y ayer le vio sonreír de verdad mientras tenía los auriculares puestos. Piensa ahora en que hacía mucho que no le veía sonreír así, de verdad con esas ganas. Ni siquiera con su programa de radio.
Hay algo enigmático en todo esto. Y la curiosidad de Laura va viéndose picada. A pesar de todo. De su falta de preguntas. De su espíritu poco analítico, poco crítico. No sabe a qué se debe. Y no importa eso. No del todo. Pero sí le importa dónde parara todo. Qué sucederá. A dónde llegará Rubén. Y qué hará entonces. Ha decidido esperar un poco. Ver qué pasa. Una semanas más no le harán daño a nadie.


sábado, diciembre 19, 2009

PIENSA

Ana conoce la situación. Sabe que aura se ha entregado a Luis. Y está enfadada. Con Laura. Con Luis por habérselo contado a Jaime. Con Jaime por habérselo dicho a ella. Con Rubén por no saberlo. Con todo. Si yo tuviera un hombre así en casa, piensa como ha pensado muchas veces. Pero no lo tiene. Y no sabe cómo es tener un hombre así en casa.
No sabe cómo Rubén se puede pasar horas mirando un detalle raro en el cuadro del salón. Con la tele puesta en cualquier canal, qué más da. Simplemente pensando. Centrado en ese detalle. No sabe que puedes pasar a su lado y hablarle incluso y que él seguirá concentrado.
Y no sabe que Rubén a veces no contesta. No habla. No por nada. Simplemente no tiene ganas de hablar. No pude o no quiere contar algo. La mitad de su vida está dentro de él y no la comparte con nadie.
Ana no sabe todo esto. Pero aún así le gusta Rubén. Y todo le parece mal. Le parece mal la mentira. Y le parece mal la difusión de la verdad. Y que todo el mundo lo sepa. Y que Rubén no. Porque Rubén podría, debería dejar a Laura. Y tal vez, tal vez.
Ana piensa en decirle a Rubén lo que pasa o en, al menos, ponerle sobre la pista de la situación. Piensa que Rubén es la víctima de todo esto. No culpa a Laura. No mucho. Si no que es la vida, que es así. Y si Laura ha dejado de quererle tal vez Ana pueda ocupar su hueco. Tal vez todo pueda salir bien.
Claro que Ana no piensa en Rubén. No piensa en si Rubén quiere o no a Laura, en si la dejara en el caso de que se entere de lo que está pasando. No piensa en por qué Rubén no sabe nada y no le preocupa nada.
No sabe que Rubén, fijado en sus ideas, en sus teorías, tiene una idea clara del futuro, de lo que sucederá sin más remedio, de que Laura habrá de quererle por siempre porque siempre se volverá a enamorar de él como la primera vez. Porque están en determinado modo condenados a repetir sus errores, que son el uno y el otro, errores.
Ana sueña. Odia a Laura. Quiere ocupar su puesto.