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jueves, agosto 28, 2014

CUMBRES BORRASCOSAS, ESE ROMANTICISMO DESAGRADABLE


Tras treinta y cinco años de silencio, Kate Bush volvía esta semana a los escenarios londinenses. Bush fue muy conocida por un hit muy escuchado durante los 80 y que fue incluso utilizado para algunas promociones publicitarias y que lleva por titulo (en español) Cumbres Borrascosas. BasadA en la novela de Emily Brontë, la canción pone voz al fantasma de Cathy, la protagonista femenina del relato, que le dice a Heathcliff que le ama y que está deseando reunirse con él.

Cumbres Borrascosas es una de las novelas más puramente románticas de la literatura, dicho esto con todo lo bueno y lo malo de la literatura romántica. Tachada de depravada y de ridícula, dejada a un lado por consideraciones sociales y morales, la novela presenta el amor entre dos personas que no pueden amarse, por pertenecer a clases sociales diferentes, que es como decir que pertenecen a mundos diferentes.

Pero en lugar de mostrar personajes dotados para el amor, Brontë presenta a un hombre, Heathcliff, comido por la ambición y la maldad, por la frustración y el resentimiento, que odia cuando existe y trata mal a cuantos tiene cerca. La depravación de los personajes, la falta de características amables entre ellos da a la novela un tono desagradable.

Además los inherentes problemas de la escritura romántica, llena de apasionados y ridículos circunloquios, de escenas absurdas y comportamientos más absurdos aún, hacen que la novela sea desagradable, al menos a este lector.

Pese a ello, la novela ha tenido gran predicamento y muchas ediciones, adaptaciones e incluso canciones como la de Kate Bush. Tal vez ese amor apasionado que lleva a Heathcliff incluso a profanar en cierta forma su ataúd, haya causado impresión en las gentes que buscan amores abruptos y excesivos.

Una lectura moderna de Cumbres Borrascosas, para un lector adulto y variado, supondrá todo un reto, tanto por sus retórica excesiva, como por enfrentarse a una historia en la que todo provoca cierta repulsión, cierto odio, por lo cual no extraña que la autora fuera muy mal mirada por la crítica y el público de mediados del siglo XIX.