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viernes, agosto 08, 2008

LECTOR.


El escritor de doble personalidad hablaba (consigo mismo por supuesto) acerca de la relación entre el escritor y el lector.
- Sin el lector no somos nadie. Recuerda amigo que escribimos para ser leídos.
- Sí, pero no sabemos si realmente somos leídos. Toda escritura es la esperanza de que alguien nos lea.
- Es cierto. Además es un fracaso. No sabemos qué entenderá el que lee de lo que nosotros escribimos.
- No lo sé. Nosotros conocemos a nuestros lectores . Y sabemos que nos leen y casi cómo y qué entienden cuando leen.
- Eres un optimista.
- Claro tú eres el pesimista.
- Es cierto.
- ¿Recuerdas la reacción de Violeta cuando le enseñamos lo que escribimos para ella?
- No.
- Es verdad, tú eres el desmemoriado: dijo que le encantaba y nos dio un beso, pero nos pidió que nunca se lo enseñásemos a nadie.
- Claro, por eso no lo hemos hecho nunca.
- ¿Y Paula?
- Ella no dice nunca nada.
- Sí, a pesar de que sale tanto en nuestras cosas.
- Sí. Pero lo que recuerdo perfectamente es como ella dejó de querer vernos, de hablarnos durante tanto tiempo cuando le dimos aquello.
- Era una declaración de amor.
- No hablemos de ello, fue triste.
- Fue cómico.
- Sí, somos dos caras de una misma moneda.
- ¿Qué hacemos ahora con todo esto que hemos escrito?
- Tengo dudas, no sé si darlo o no, si enseñarlo, si guardarlo en un cajón.
- Ella ya se lo sabe.
- Yo también la conozco, ¿o es que lo has olvidado?
- Tenemos que pensarlo.
- Sí tenemos que pensarlo.
- ¿Hemos tomado la medicación?
- Si hablamos los dos a la vez ya sabes que es que no.
- Cierto.
- Cierto.
Y el escritor y su doble se quedaron callados un rato, por fin.

Lector o lectora. A ti va dedicado este post.

2 comentarios:

CRISTINA dijo...

y al otro lado siempre suele haber alguien, que impaciente espera que el otro se exprese, y que nunca guarde en un cajón aquello que ha escrito

Violeta dijo...

Que familiares me resultan tus palabras.
En una ocasión yo fuí Violeta y recuerdo haberme sentido totalmente desnuda, como si hubiera descubierto en mi algo que nadie mas sabía y nadie mas debería saber. Me avergonzaba que alguien pudiera descubrir lo que encerraban aquellas palabras y que ese alguien no demostrara ni respetara el mimo y la cuidada sinceridad con la que estaban escritas.