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domingo, agosto 17, 2008

EL HOMBRE SALVAJE


El hombre salvaje tenía claro lo que pondría en su lápida el día que muriera: “No molestó nunca a nadie. No le importó jamás a nadie.” Ese era su gran objetivo la vida. No molestar. No importar. Pasar. Sin más.
Aspiraba a ser un hombre social, a tener amigos, a querer a su familia, a su gente, pero no quería que nadie le quisiera, que nadie le contara entre sus amigos, que nadie pudiera molestarse por él. Aspiraba a querer a las mujeres, a que le dejarán quererlas en paz, mas no esperaba y tal vez ni pensaba ni quería que le quisieran.
Así el hombre salvaje podía huir de todas las convenciones sociales. A él no tenían que quererle y podía ser honesto, sincero, decir lo que pensaba y pensar lo que quería. No ser tierno ni cruel. No buscar más que su propia tranquilidad. Así se ganó el apodo de hombre salvaje, porque parecía que nada le importaba. Aunque, en cierta forma, todos sabían que no era así.
El día de su muerte se acercaba cada vez más y estaba haciendo cierto su epitafio. No molestaba a nadie. No le importaba a nadie. Con esas cosas que dan la edad y la cercanía de la muerte el hombre salvaje fue evolucionando. No se hizo extremadamente religioso como otros, ni repartió entre los pobres sus posesiones, como otros, pero sí hizo examen de conciencia y comprendió que el gran esfuerzo de su vida había sido inútil.
Ahora en el lecho de muerte deseaba al fin haber importado a alguien. Aún más, haber sido lo más importate para alguien. Y mandó en sus últimas palabras escritas, cambiar su epitafio: “Así he vivido yo, sabiendo que jamás me he equivocado en nada, sino en las cosas que más yo quería.”

Hombre salvaje

2 comentarios:

CRISTINA dijo...

A veces intentamos ser duros, fuertes, independientes y nos empeñamos en no tener cerca a nadie, en no necesitar a nadie. bien pensado es la única forma de que no nos hagan daño. pero de esta forma somos nosotros mismos los que nos hacemos daño, porque como seres sociales, necesitamos de los otros

June dijo...

El otro día hablando con mis niñas de nuestras cosas, llegue a declararme totalmente dependiene emocinalmente de mi pareja, y mentí, porque no solamnete lo soy de mi pareja sino que también, y siempre, de mi familia, y por otro lado en menor medida de mis amig@s.Ser consciente de esa pequeña debilidad me hace mas fuerte.
No imagino a nadie que decida vivir alejado de todo lo que le rodea.