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miércoles, julio 30, 2008

EXCURSIÓN POR LA VEGA DEL TAJO. EL CARPIO DE TAJO.



Ayer martes 29 disfruté de una bonita excursión por un pueblecito de la Vega del Tajo, El Carpio de Tajo. (Aclaro, Martes 29, no marnes 29 y excursión no incursión, ¿de acuerdo?).
Mucho más cercano de lo que parece hasta el pueblo lleva una carretera muy divertida si os gusta conducir y sobre todo conducir sin utilizar el freno. Siguiendo en muchas ocasiones el curso del río llegamos hasta el pueblo en más o menos una hora.
Allí nos espera nuestra guía. Hemos llegado después de la fiesta principal del pueblo, Santiago, y aún queda la resaca en forma de pista de arena en la plaza del pueblo. En esa pista corren los caballos mientras los caballeros tratan de arrancar la cabeza de un ganso. No os preocupéis. El ganso ya está muerto de antemano. Es muy espectacular y colorido.
Visitamos primero el paraje de Ronda (la Virgen de Ronda es la patrona local y el paraje es donde se encuentra la ermita de la virgen, lo aclaro para que nadie crea que el paraje pertenece a una señorita llamada Ronda). La Virgen muestra su esplendor dentro de la ermita, pero lo mejor está en el paraje en sí mismo. El río al fondo, detrás unos riscos. Subimos a un merendero para disfrutar mejor de la vista. A lo lejos incluso un castillo antiguo y la zona donde se han encontrado restos visigodos.


La barca que pasa de un lado a otro del río, ya sin barquero que invite a las chicas bonitas.

Al bajar al río encontramos la primera cigüeña negra del día. Tan grande y tan negra que parece otra cosa.
Después de una rica comida y una agradable conversación proseguimos nuestra visita por la zona de la barca. La barca servía para cruzar a la gente de un lado a otro del río. Tiene unas cuerdas que hace que vaya siempre por el mismo camino. Recordamos la canción infantil “Al pasar la barca me dijo el barquero las niñas bonitas no pagan dinero” Supongo que los tipos feos pagaríamos más para compensar el que las niñas bonitas no pagasen dinero.
Arriba está la casa del barquero con una balconada que mira hacia el río y la Vega del Tajo. Se extienden ante nosotros un mar de árboles, plantas y animalitos que nos lamentamos de no saber reconocer. Vemos más ejemplares de cigüeña negra, majestuosa en el aire, bajando al río en busca de comida. Una hilera (lo digo así porque iba en fila india de más pequeño a más grande) de patos cruza la escena como si fuera un chiste.
El río, curiosamente, parece fluir en dirección contraria a la que debería. Pero tampoco sé explicar por qué. El encanto del paisaje, el banco de piedra donde a pesar de los 35 grados hace un poco de fresquito y la compañía lo difuminan todo. El paisaje es tan bello que recuerda a Garcilaso y su Nemoroso llorante. ¿Cómo podía ese hombre llorar mirando este paisaje?
Terminamos la visita, nos despedimos con pena y agradecimientos y promesas de vuelta. El camino de regreso se hace más corto y es más hermoso por el gusto que deja en nosotros lo vivido.


Paisaje evocador en las orillas del río.

1 comentario:

CRISTINA dijo...

reencontrarse en algo nuevo con el pasado o con aquello que nunca llego a ser pasado siempre crea una sensación agridulce. me alegro de que esta vez haya sido mucho más dulce que agria