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domingo, mayo 04, 2008

SOBREINFORMACIÓN

Hace poco leía en Literatura y fantasma de Javier Marías un artículo en el que hablaba del exceso de información en el que vivimos, un exceso, en este caso en los datos que sobre la vida de los escritores tenemos. Y lanzaba una reflexión ¿Para qué sirve tanta información?
El mismo Javier Marías hablaba hace poco en su artículo del País Semanal de lo mismo en este caso a través de la figura de su padre del que se publica ahora una biografía, o tal vez algún tipo de documento personal, ahora no recuerdo bien.
Es decir, que tenemos muchos datos que luego no sirven para nada, porque para qué nos sirve la lista de la compra de Lorca o que el primo de Luis Rosales tenía una tía en Argentina. Realmente no sirve para mucho.

De lo mismo hablaba el otro día con mi compañero Félix, del exceso de información que tenemos sobre algunas cuestiones, exceso que hace que siempre estemos dando la vuelta a los mismos temas, a los mismos autores.
Extrapolando este hecho de crítica literaria a la vida real, es cierto que vivimos en un mundo de sobreinformación que hace que finalmente estemos desinformados por el hastío que nos produce oír una y otra y otra vez lo mismo. Además el tratamiento excesivo que se da a lo superfluo en los noticieros ayuda a este mismo hastío a esa sobreinformación sobre la nada que no nos ayuda a conocer lo interesante.

Un ejemplo, la victoria del Real Madrid en la liga. ¿Es necesario ese despliegue para contar algo que es siempre igual y que no varía nunca y que además cada vez que se produce destila las mismas noticias? ¿A quién se lo dedicas? ¿De quién te acuerdas?
Sobreinformación también hay en la vida real. Lo comentábamos hace días: disponemos de más medios que nunca para interactuar con la realidad o al menos para conocerla, pero aún así no llegamos ni a conocer la mínima parte de lo que sucede.
Y en la vida real está la gente que da siempre un exceso de información. Otro día habláremos de las normas conversacionales de Grice que hablan de eso. Pero, realmente, señores, ¿es necesario que lo cuenten todo y además en público y ante desconocidos? ¿O ante no implicados? ¿Es preciso que yo conozca donde tienes un piercing? ¿O que no te acuestas con nadie? ¿O con quién sí lo has hecho o quieres hacerlo?
Demasiada información. Y además falta de capacidades para asimilar la que nos dan. ¡El Apocalipsis!



¡El Apocalipsis!

1 comentario:

CRISTINA dijo...

culpable de sobreinofrmar me siento a veces, otras tanto d eno informar en absoluto

la sobreinformacion porvoca desinteres... guardemos datos, para que la información sea mas aprovechada