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miércoles, junio 12, 2013

EL MISTERIO DE LA CHICA DE AYER

El misterio, lo hemos repetido muchas veces, es primordial en el arte. Un toque de misterio le viene bien a todo. A los cuadros o las esculturas. Al cine o a la literatura. No comprenderlo todo. Tener que buscar lo que hay dentro de cada cosa es un juego entre el espectador y el artista, un juego al que nos animan a jugar. Que algo se deje a la imaginación del espectador, haciéndole partícipe de la narración, del arte.

Sin misterio también hay arte. Pero tiene menos atractivo. Igual que sucede con el humor. Una narración sin humor es completamente solvente, pero carece de algo muy importante, no tomarse en serio a sí misma.

Ese misterio, a veces se queda aislado por debajo de la composición artística. En La chica de ayer, la canción de Antonio Vega, el misterio de quién es esa chica, de lo que hace allí y de su historia se queda por debajo de la música, la letra y la voz del cantante madrileño. Reluce la canción incluso por encima del gran misterio que representa.

Hay tres personas en la narración: la chica, el cantante o narrador y un tercer hombre (“luego por la noche él vendrá a escuchar canciones que consiguen que te pueda amar”) Hay varios tiempos en la narración, todos indeterminados. Igual que los lugares.

No sabemos nada de la chica. Sabemos que el narrador la ama, que su cabeza da vueltas persiguiéndola. No sabemos de dónde sale el tercer hombre de la narración.

Parece una historia de desamor. Pero podría ser una historia de amor. O una historia de auotodestrucción. Es una canción triste. Es una mujer triste. Pero no hay forma de no amar a esa chica de ayer.

Todo es un misterio. El cambio en los tiempos de la narración. Los cabellos dorados de la chica. Su comportamiento. El tercer hombre. Las canciones que se escuchan para que ella pueda ser amada. Quién escucha esas canciones para amarla.

Y el mayor misterio es esa chica, que se parece a una mujer fatal de las novelas de Hammett. Rubia y perdida. Rubia y metida en la cabeza de un chico triste que le canta una canción de desamor. Rubia y misteriosa. Rubia y que ama a otros. Rubia y perdida en el pasado. Rubia y sin que sepamos nunca quién fue. He ahí el misterio.




2 comentarios:

Laszlo García dijo...

Firmo cuanto dices Rubén, el misterio es tan importante como la historia misma. En la entrada hay un pequeño error de fondo (sólo advertido por mi que soy un mitómano recalcitrante de el gran Antonio) y es que no hay tal tercer hombre, no en la canción, en la vida lo hay demasiado habitualmente. Yo también me rebané los sesos para conseguir entender lo que dice en ese punto de la canción, y tras mucho escarbar descubrí que dice; "y luego por la noche al Penta a escuchar, canciones que consigan que te pueda amar". El Penta es un garito mítico, sito en el barrio de Malasaña, de la movida madrileña en los ochenta. Allí Antonio Vega solía interpretar todas estas perlas. Ahora sus fotos cubren las paredes de ese antro.
Esto no quita ni un ápice de razón a cuanto dices; el misterio es tan necesario como el agua en una narración e incluso, plantados ante un texto,nadie ha dicho que haya que entenderlo todo. Sugestión y puertas entornadas permiten el paso de la corriente. Un saludo Rubén!

Rubén Bravo dijo...

Gracias Laszlo, ya me han dicho eso del Penta. Esto confirma que estoy un poco sordo.
Gracias por pese a todo darme la razón. Replantearé la entrada en próximos días, porque como tú dices, sigue habiendo mucho misterio.
Un saludo y gracias por leer y comentar.