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domingo, septiembre 27, 2009

CENA

Hacía mucho que no salían a ningún lado, así que Rubén ha propuesto a Laura ir a cenar, dar una vuelta. Hace buen tiempo. Podemos dar un paseo. Tomar algo. Ver qué hay. Qué pasa por ahí. Laura no tiene muchas ganas, pero aún así ha aceptado. Se han vestido más elegantes y han salido.
La cena ha sido agradable, buena cena. Rubén ha elegido el sitio y para eso siempre ha sido bueno. Pero la conversación ha sido escasa. Y más bien lánguida. Temas recurrentes. De la actualidad, del trabajo, nada divertido, nada común, nada cercano, nada de lo que había antes, de esa conversación común que era incluso difícil de seguir por los demás.
Después han salido a dar un paseo y han llegado a un bar. Allí estaban Joaquín y Ana. Rubén se ha aburrido un poco. Ha hablado mucho con Ana y con Joaquín. Y se ha mostrado simpático, divertido, pero Laura estaba un poco mustia, no se reía. Rubén se pregunta si no le pasara algo. Prefiere, de momento, no preguntarla, esperar a que ella le diga algo.
Esa ha sido muchas veces la forma. Si le pregunta directamente lo normal es que se cierre, que no cuente nada. Muchas veces le ha pasado así. Es como si tuviera que digerirlo un poco para luego contarlo. Cuando ella esté preparada, él estará ahí, como ha estado siempre para ella.
Cuando se han ido, Joaquín y Ana han hablado de Rubén. Les parece un hombre muy divertido. Pese a esa cara tan seria, pese a ese tono tan serio que pega tan poco con los hombres divertidos. Ana, no lo ha dicho pero lo piensa, está preocupada. Es como si estuviera viendo algo que aún no ha pasado y que va a pasar.
Joaquín piensa que es un hombre simpático, divertido, pero un hombre pequeño, que se encoge, un hombre sin importancia, que no llama la atención, al que nadie señalaría. Y así se lo cuenta a Luis.
Laura y Rubén vuelven a casa un poco aburridos los dos. No saben bien de qué están aburridos, pero lo están.