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martes, septiembre 30, 2008

CLAUS


El hijo de mi vecina se llamaba Claus. Elegir un nombre es difícil (miren si no los títulos de las películas españolas). Y su madre quería que nadie más tuviera el nombre que su hijo. Así que le destrozó la vida para siempre. Claus tuvo desde pequeño que aguantar los chistes y el cachondeo de los otros niños del barrio.
El favorito era sobre Santa Claus (porque al señor Claus se le lama “Santa” ¿hay algo escondido en el barbudo de coca-cola? ¿acaso no es tan masculino como parece? ¿tal vez no sean sus pechos que se intuyen bajo su ropa fruto de sus comilonas de arenques ahumados y sí de una furtiva operación en Venezuela?). Mi pobre vecino tuvo que aguantar todas las bromas posibles sobre este tema: ¿qué me vas a regalar por navidad, capullo? ¿dónde guardas a los renos? Y otras que no ponemos aquí porque esta página es para todos los públicos.
Claus era un niño agobiado por su nombre. Siempre deseó llamarse José Ramón o Alicia que son nombres más bonitos y más clásicos. Todo el mundo en el barrio le conocía y le llamaba por su nombre. Hasta los niños de pecho. “Mira Juanín, ese es Claus, el hijo de la vecina” “¿El de la vecina tonta?” respondía el infante, “el mismo” concluía la madre.
Además a las chicas el nombre no les gustaba nada. ¿Qué clase de nombre era Claus? Puestos a tener un nombre extranjero mucho mejor llamarse Jhonny, que es un nombre de matón o de malote, pero mira que Claus que es nombre de gordo solitario (había aquí referencias a la autosatisfacción de Papá Noel que no vamos a repetir por respeto). Ninguna quería salir con Claus. Sin embargo todas se pirraban por un tal Kevin, que era igual de feo que Claus, pero que tenía un nombre muy chulo.
Sus apellidos tampoco ayudaban. Lo propio de llamarse Claus es apellidarse Schwaerz, pero no, nuestro amigo se llamaba García Pérez. Claus García Pérez. Era el nombre más tonto del mundo. Hasta los profesores se reían al pasar lista.
Tal vez por su nombre Claus tenía especial gusto por el frío y en verano se ponía rojo como un tomate pero nunca moreno. Eso condicionó igual su vida. Viviendo en un país como el nuestro no se podía ser así. Por eso se fue a Alemania. Pero como no sabía alemán ni nada parecido se tuvo que volver con el rabo entre las piernas y en el alma una pena.
Total que la vida de Claus fue una tragedia absoluta hasta que un día se mudó se cambió el nombre por Jacinto y pudo vivir tranquilo al fin. Conclusión: Pónganle un nombre normal a su hijo, aunque sea repetido. Siempre es mejor ser uno del montón que destacar. Nunca sabe uno por lo que puede destacar.
· Una vez más: Día 3 de Octubre, 22 horas, Pub las Cadenas, Noemí Benito, I Cuentos en los bares. No faltéis.

El más famoso Claus

2 comentarios:

CRISTINA dijo...

Efectivamente, ponganles a sus hijos un nombre como Rubén, que ultimamente no soy capaz de encontrar a nadie que se llame así
=)

Selene dijo...

En mi trabajo hay dos de Ruben.
Klaus, que no Claus, es Nicolás. No habría sido más fácil llamarle Nicolás al pobre???????
Es que hay cada una que!!!!!!!!!!!!!!!!!!