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lunes, marzo 02, 2009

EL PEZÓN IZQUIERDO DE NATALIA VERBEKE

Resaltaba por encima de la blusa de seda. Me miraba, me llamaba desde esa blusa desde la que señalaba su existencia y me pedía que lo mirase, fijamente, con atención y con tesón. En respuesta a su llamada yo lo miraba con atención y con tesón. Y con algo más, con pasión. Al rato ya fue con amor.
Había caído sin duda enamorado. Y no veía más que la perfección de ese ser que me miraba tan fijamente. Estaba enamorado del pezón izquierdo de Natalia Verbeke. Quién me lo iba a decir a mí que hasta ese momento sólo me había enamorado de mujeres, simples y sencillas mujeres.
Ese pezón era como un ojo que me miraba intensamente, que no me dejaba no mirarlo. Yo percibía que era un ser adorable, que necesitaba mi cariño, mi comprensión, mi compañía. Me veía a mí mismo cuidándolo, mimándolo. Y él hacía lo mismo conmigo. Seríamos una pareja perfecta.
Tenía que ser mío. Y yo tenía que ser suyo. Pero, ¿cómo? Mi amor me hacía confiar, en el amor todo es posible y si nos queríamos de verdad al final acabaríamos por encontrarnos. Y así fue. Un día, por casualidad coincidí con Natalia en una fiesta. Sólo hay seis grados entre las personas. Y eso jugó a mi favor.
Desplegué todo mi repertorio y conseguí que me diera su teléfono, varias sonrisas y algo de cancha. Trabajé como un descosido para acercarme a ella y al final lo conseguí. Me metí en su cama, en su vida y ella en la mía.
Nos casamos en un mayo soleado. Pero esta boda era sólo un mal menor, estar con ella. Conseguí que mi amor y yo estuviéramos siempre juntos.

El resto de Natalia

1 comentario:

Vanity dijo...

viva la originalidad, viva, en serio.

un abrazo a todo creatura