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lunes, marzo 17, 2008

AÑORANZAS

Tras la pérdida viene muchas veces la añoranza. El echar de menos aquello que perdimos, que se fue, que pasó. Las cosas y también las gentes que se fueron, que pasaron un día por nuestra vida y que ya no están.

Es una emoción tremendamente humana añorar aquello que un día fuimos, tuvimos, conocimos y ya no somos, tenemos, conocemos. Así las calles de nuestra ciudad de antes, nuestra vieja casa, los amigos de la infancia, la infancia misma como momento mismo que añoramos.

Y sobre todo a las personas. Aquellas que un día estuvieron en nuestra vida, nos acompañaron. Y que hicieron con su presencia que un tiempo fuera el que fue. Echamos de menos lo que fuimos en ese tiempo, jóvenes, ingenuos, delgados, idealistas…

“Te echaré tanto de menos, cerraré fuerte los ojos hasta verte, sólo tengo que esperar” así nos sucede con los amores antiguos, con las gentes a las que tanto quisimos y a las que ahora ya no conocemos, nos son ajenos, son extraños. Pero aún así podemos si cerramos los ojos, si nos paramos un momento, imaginarlos tal cual fueron para nosotros.

Así le sucede al personaje de En ausencia de Blanca, una de las muy recomendables novelas cortas de Antonio Muñoz Molina. El personaje central echa de menos a su mujer, o más bien a como era su mujer, y está convencido de vivir con otra que es igual que su mujer, pero que realmente no lo es. Y echa de menos el amor que sentía por ella, y cómo era ella en cada pequeño detalle.

Y allí de nuevo la memoria haciéndonos recordar, añorar lo perdido, los detalles pequeños, los olores, el gesto mínimo de una mano que se mueve igual que vimos otra mano moverse, de unos pendientes o una falda iguales a aquellos que vimos un día en la persona amada, en la amiga que añoramos.

Echar de menos también una época, no creo mucho en eso de cualquier tiempo pasado fue mejor, simplemente fue anterior y el pasado le da una pátina de prestigio que no merece seguramente pero que no podemos arrebatarlo. Porque el pasado ya fue y es finito y lo conocemos. Y no así el futuro o el presente siempre móviles e inciertos.

Y lo que fuimos en esa época: felices. O tal vez no, pero así nos lo parece desde este presente o futuro relativo, deformador de lo cierto y real, porque aquello ya fue y lo magnificamos y elevamos a los altares. Recordar es mejor que vivir, es ya hecho y podemos eliminar lo malo.

Y sobre todo, y ante todo las gentes: Sara, Bárbara, Ronda, Pilar, Alberto, Begoña, Fran, Carlos, Marta todos aquellos que perdimos por el camino, que ya no conocemos ni vivimos, todos aquellos que sólo son de una manera tangencial y breve, como si ya no fueran. Y los echo de menos. Porque son mi pasado, mi tiempo mejor. Mi añoranza.

Un lugar para añorar.

4 comentarios:

CRISTINA dijo...

A veces la facultad trae tantisimos buenos recuerdos, las tardes en el cesped, las conversaciones complices, los amigos que aun mantenemos, los compañeros que nunca mas volvimos a ver... y nos ponemos melancolicos

entonces me acuerdo de los profes, los trabjaos, las tardes de junio estudiando, las clases obligatorias, los madrugones, el transporte público... y pienso, menos mal que lo que merecia la pena aun lo tengo

Creatura dijo...

Yo la verdad paso de mis tiempos universtiraios ¡Qué asco! Y del instituto ya ni os cuento ¡Bluargh!

Rubén dijo...

Que conste que este post no iba de la universidad, sino de añorar y de lo que se añora. En mi caso algunas cosas de la facultad y muchas cosas de fuera de ella y otras cosas que tienen que ver con la facultad, pero que no son propiamente de la facultad.
Aunque cada vez que pienso que me pasaba 3 horas entre trenes, autobuses y metros, pienso ¡Qué le den a la facultad!

EL LOBO ESTEPARIO dijo...

Siempre es bonito recordar el lado romántico de lo que vivimos.