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domingo, octubre 19, 2008

SIN PILAS


El único hombre de la pescadería, atendida sólo por Virtudes, mujer ya de cierta e incierta edad, miraba el suelo, se metía las manos en los bolsillos, miraba distraído los cangrejos buscando la huida de su caja, intentaban, en fin, pasar el rato tedioso entre la pedida de la vez y la compra del emperador o las gambas.
Las conversaciones entre clientas se sucedían a un lado y a otro, que si el arroz sale mejor así, que los chipirones asá, que si Belén Esteban sí o no, o quién sabe, que si que caro está todo, que si mi hijo ya tiene novia, que si mi hijo no, no tiene novia y cómo va tenerla siendo homosexual (pronunciado homosexual con un tono de palabra recién aprendida).
A la derecha del hombre dos mujeres hablaban de pilas. De pilas gastadas. No era una conversación interesante, pero el hombre se quedo con ella, por ser menos tópica y menos repetida, era nueva.
“Sí, se me han acabado las pilas. Dos días me han durado. Y eran nuevas de esas del conejo que no se cansa. Y estas son las que más me duran, que otras ni un día” “Pues tu aparato sí se cansa” “No, no se cansa. Ni yo tampoco. Qué invento” “Sí, ya no hay que depender de los hombres para nada, qué les zurzan” “Sí, desde que me compré el aparatito, mira tú, como que estoy más contenta, más feliz, que me lo paso bomba, no sólo con él, con todo” “Si se te ve en la cara” “Antes tenía cara de acelga” “De mal follada”
Entre las mujeres se abrió una carcajada, el hombre un poco abochornado pidió sus gambas y trató de no pensar en pilas y otros aparatos eléctricos.


3 comentarios:

Esther Martín Rojas dijo...

Vi tu la dirección de tu blog en varios establecimientos en Illescas. Sólo darte las gracias por lo que escribes, por lo que haces sentir y por dar la portunidad a esas poetisas a ELLAS.

Rubén dijo...

Pásate por el blog del Kebrantaversos (busca en nuestros enlaces). Allí hay mucha información y textos de las poetisas o poetas que el domingo nos acompañarán.

June dijo...

Hay aparatitos que no necesitan pilas..Me ha encantado el marco del relato, no hubiera sido igual en una carnicería.