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miércoles, agosto 15, 2012

EL SEXO NO BORRA LA MEMORIA

Atormentado por mis recuerdos traumáticos (desde que leo la prensa todo me parece una pesadilla continua, una película de terror, una escena de guerra) busco la forma de eliminar de mi mente todo ese dolor que voy acumulando y que se me junta en las zonas del cerebro que para mí son más accesibles.
No sé por qué almaceno eso y no el gol de Iniesta o un soneto de García Nieto. Querría dar de carrerilla la alineación de la final de la Eurocopa, pero sólo me sale la cara de Sánchez Gordillo, los productos contaminados del Mercadona y la prima de riesgo montada en un avión a reacción.
Para borrarlo se me ocurrió visitar un cercano lupanar. Para el que no lo sepa un lupanar es un prostíbulo. O una casa de putas. Gracias a Dios, con la crisis los prostíbulos se han generalizado y quieras que no siempre hay alguien dispuesto a aceptar dinero. Aunque sea a cambio de sexo.
Horas después, muerto de arrepentimiento por haber ido a un lupanar y haberme acostado con todas las muchachas que pude pagar (que fue una), seguía teniendo la misma sensación.
Ya en casa abrí una cuenta en Badoo. A los diez minutos tenía una cita con una chica del barrio de al lado. A los veinte minutos estábamos desnudos. A los treinta minutos ella fumaba un cigarro. A los cuarenta volvimos a intentarlo. A los cincuenta llamó su marido. Pero seguía con una sensación sanguinolenta en los recuerdos.
La mujer se fue. Presa de un furor sexual que no recordaba desde los quince años, salí a un bar de regeaton (ya sé que otro día lo escribí distinto, pero qué queréis, sigo sin saber cómo se escribe). Encontré una mujer dispuesta a acostarse conmigo. No era joven ni guapa. Me llamaba papito. Yo a ella no la llamaba mamita, aunque podría haber sido mi madre. Una hora después yo me iba de su casa en un descuido suyo.
En el trayecto hacia mi casa recordé lo mismo de antes y que estoy profundamente enamorado de ti. El sexo no borra la memoria.




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